No soy mis recuerdos, soy el Ser que comprende el "Aquí y Ahora".

jueves, 14 de abril de 2011

EL PODER DE LA PALABRA.



Una palabra irresponsable: Puede encender discordias y fuegos difíciles de apagar. 
Una palabra cruel: Puede arruinar y derribar todos lo que se había edificado en una vida.
Una palabra de resentimiento: Puede matar a una persona, como si le claváramos un cuchillo en el corazón.
Una palabra brutal: Puede herir y hasta destruir la autoestima y la dignidad de una persona.
En cambio,
Una palabra amable: Puede suavizar las cosas y modificar la actitud de otros.
Una palabra alegre: Puede cambiar totalmente la fragancia y los colores de nuestro día. Una palabra oportuna: Puede aliviar la carga y traer luz a nuestra vida.
Una palabra de amor: Puede sanar un corazón herido.

Las palabras tienen vida. Son capaces de bendecir o maldecir, de edificar o derribar, de animar o abatir, de transmitir vida o muerte, de perdonar o condenar, de empujar al éxito o al fracaso, de aceptar o rechazar... ¿Cómo hablamos a los demás? 
¿Qué les trasmiten nuestras palabras? 
¿Qué me digo a mí mismo? 
¿Hacia dónde me conduce mi dialogo interno?


Las palabras son la materialización de los pensamientos, y los actos la materialización de las palabras. Todo es manifestación de energía que vibra a diferentes frecuencias de onda, a lo que los humanos llamamos “malo” cuando polarizamos, es en realidad una frecuencia de onda baja. Nuestro cuerpo la percibe como “densa”, y genera ese “agotamiento energético” que nos impide movernos y hasta ser felices y sonreírle a la vida. A veces a esta frecuencia de onda lenta la apodamos también “malos pensamientos”, “malas palabras”, “malas acciones” o “malas vibras”.
A lo que llamamos “bueno”, vibra en una alta frecuencia de onda, lo que produce la felicidad y la ampliación de la energía. Tanto, que parece que nuestro cuerpo tiene las dimensiones del mismo Universo. A esta frecuencia de onda rápida muchas veces le llamamos “buenos pensamientos”, “buenas palabras”, “buenas acciones” o “buenas vibras”.


Pero en el equilibrio de la polaridad no hay ni buenos ni malos, existe una completa unidad de lo que Es, y los pensamientos, las palabras y las acciones se canalizan de igual manera y se comprenden sin ningún sentimiento de añadidura.


Si bien las palabras tienen poder, porque es energía intencionada, el que recibe esas intenciones también tiene el poder de entender el camino y el origen de dichas intenciones. En otras palabras, es una simbiosis que se da entre dos personas, siendo la palabra el puente de conexión hacia los engranajes de la psiquis humana.


Un ejemplo simple es cuando alguien nos ofende. Esa ofensa lastima cuando el Ego la interpreta como densa y genera una polaridad. Se crean el “tú” y el “yo”, dos entes completamente distanciados, la palabra ya no es el puente de conexión, si no la herramienta letal para defenderme. El “yo” piensa "¡Quién es “él” para tratarme así!" 


En realidad no hay motivos para ofender a alguien, pero tampoco existe tal ofensa. No existe siempre que recordemos que nada es personal, y sólo estamos como espectadores y oyentes ante una persona que necesita contención y amor, y no sabe como comunicarlo.


Cuando respondemos de la misma manera que nos ofenden, estamos cegados por nuestro propio Ego, el cual no permite que veamos la esencia de la situación y nos une al círculo de la energía densa ("malas palabras") en vez de equilibrar la situación con energía liviana ("buenas palabras").


El Universo tiende al equilibrio, y nosotros como fragmentos de él ayudamos siempre a esa estabilidad, sólo tenemos que conocer los polos para poder saber cómo y para qué unirlos. El momento siempre es el presente.


Y recuerda estos 4 principios:


"Sé impecable con tus palabras".
"No te tomes nada personalmente".
"No hagas suposiciones".
"Haz siempre lo máximo que puedas".


¡Buen viaje galáctico/mental!

Luna Cristal \

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